Propósitos empresariales para el nuevo año: invertir en traducción e interpretación profesional como estrategia de calidad
Cada comienzo de año es un punto de inflexión. Las empresas revisan lo logrado, analizan sus puntos débiles y fijan un conjunto de propósitos para mejorar la competitividad, la eficiencia y la calidad. Se habla de optimizar procesos, de reforzar la transformación digital, de ampliar mercados, de atraer talento. Sin embargo, existe un propósito estratégico que muchas organizaciones en España continúan relegando a un segundo plano, pese a su enorme impacto transversal: la inversión en traducción e interpretación profesional.
En una economía globalizada, donde cualquier empresa española mantiene relaciones constantes con clientes, proveedores y colaboradores extranjeros, la comunicación multilingüe es un pilar fundamental. Sin embargo, sorprendentemente, sigue tratándose como una tarea improvisada que “cualquiera que hable idiomas” puede asumir. Este enfoque no solo es erróneo, sino que puede generar costes ocultos, riesgos legales y pérdidas comerciales que muchas empresas ni siquiera imaginan.
Por eso, uno de los grandes propósitos que debería figurar en la agenda empresarial del nuevo año es apostar por la profesionalización de los servicios lingüísticos, ya sea mediante la contratación de traductores en plantilla o mediante la colaboración estable con agencias certificadas. No se trata simplemente de traducir textos o acompañar reuniones en otro idioma: se trata de garantizar precisión, coherencia, calidad y seguridad jurídica.
Cómo decidir si invertir en traductores en plantilla o agencias externas
Algunas empresas dependen tanto de la comunicación multilingüe que realmente les resultaría más rentable contar con un departamento propio de traducción, de la misma forma que cuentan con departamentos de marketing, jurídico o financiero. Sin embargo, pocas lo hacen, ya que se suele infravalorar el nivel de formación, experiencia y especialización que exige la traducción profesional. No se trata de una tarea auxiliar que puede realizarse sin planificación previa. Cuando la empresa tiene un volumen constante de textos técnicos, legales, financieros o comerciales o la necesidad de contar con intérpretes profesionales dadas sus actividades específicas, invertir en traductores/as en plantilla es una decisión estratégica, pero solo si se hace de la manera correcta, lo cual implica:
- Contratar a profesionales licenciados o graduados en la carrera de Traducción e Interpretación.
- Invertir en formación continua, especialmente en áreas especializadas (jurídica, técnica, médica, financiera).
- Proporcionar acceso a herramientas de traducción asistida (CAT tools) actualizadas.
- Establecer protocolos internos de calidad y revisión.
No basta con incorporar a un empleado que “habla bien inglés” o con delegar estas tareas en una secretaria bilingüe. Ese enfoque, aunque tentador a corto plazo, suele dar lugar a incoherencias terminológicas, errores de precisión, falta de uniformidad en la documentación, dificultades en auditorías y certificaciones, riesgos legales en contratos o acuerdos internacionales, entre otras cuestiones.
Un buen propósito empresarial para el nuevo año debería ser reconocer que la traducción profesional es una disciplina especializada, no una habilidad complementaria.
Contratación de servicios de traducción de agencias especializadas
Por supuesto, no todas las empresas generan suficiente volumen de trabajo como para justificar un departamento interno. Para la mayoría, la solución más eficaz y rentable sigue siendo contratar los servicios de una agencia especializada, especialmente cuando esta cuenta con certificaciones como ISO 9001 que avalan su metodología de trabajo, sus controles de calidad y su proceso de mejora continua.
Y además, aquí entran en juego dos normas clave:
- ISO 17100, dedicada a servicios de traducción, que exige procesos de revisión obligatoria, perfiles profesionales acreditados y trazabilidad.
- ISO 23155, centrada en servicios de interpretación, que regula la formación, competencia y técnicas profesionales de los intérpretes.
Que una agencia sea certificada significa que los traductores son siempre profesionales cualificados, existe revisión obligatoria por un segundo lingüista, los plazos están garantizados, se aplican glosarios, memorias y terminología corporativa, existe confidencialidad y seguridad en cuanto a la documentación, y se ofrece continuidad y homogeneidad en todos los idiomas. Este modelo también evita que la empresa tenga que invertir en software especializado. Las herramientas de traducción asistida, que sirven para mantener coherencia y mejorar la eficiencia, suponen un coste elevado en licencias, mantenimiento y formación. Las agencias asumen estos gastos porque forman parte de su estructura.
En definitiva, si la empresa no tiene volumen constante o no quiere asumir los costes de personal, formación y herramientas, la mejor garantía sigue siendo colaborar con una agencia certificada, donde encontrará la combinación perfecta de profesionalismo, especialización y recursos avanzados.
Interpretación, una tarea que nunca debería improvisarse
Cuando se trata de reuniones, ferias, negociaciones internacionales, visitas técnicas o formaciones para personal extranjero, algunas empresas aún cometen el error de pedir a un empleado bilingüe que se desempeñe como intérprete. Sin embargo, la interpretación es una disciplina totalmente distinta de la traducción, que se basa en técnicas cognitivas y comunicativas que requieren años de preparación.
Los intérpretes profesionales:
- dominan la toma de notas en consecutiva,
- están entrenados para procesar información en tiempo real,
- conocen los protocolos para reuniones formales,
- son imparciales,
- mantienen la fidelidad del mensaje y los matices,
- gestionan situaciones delicadas sin perder la precisión.
La improvisación en este ámbito puede generar malentendidos graves, pérdida de oportunidades comerciales o incluso tensiones diplomáticas.
Además, ofrecer servicios de interpretación corporativa de calidad implica disponer del equipamiento y tecnología digital de última generación, ya sea por parte de la agencia o del proveedor que contrata la empresa:
- cabinas portátiles de interpretación ISO4043:2016,
- sistemas de microfonía y megafonía,
- sistemas INFOPORT para visitas guiadas y recorridos en fábricas, entre otros.
Todo esto supone una inversión que las empresas no suelen estar dispuestas a asumir, pero que las agencias especializadas ya tienen completamente integrada en su estructura de costes.
Por eso, entre los propósitos empresariales del nuevo año, debería figurar el siguiente: nunca improvisar la interpretación. Dejarla en manos de profesionales formados garantiza eficiencia, claridad y una imagen impecable ante socios y clientes.
Profesionalizar la comunicación multilingüe: un propósito que impulsa todos los demás
Cada año, muchas empresas españolas incluyen propósitos como mejorar la internacionalización, aumentar las exportaciones, reforzar el marketing digital, optimizar el servicio al cliente y elevar la reputación de marca, entre otros.
Sin embargo, ninguno de estos objetivos puede alcanzarse plenamente sin una traducción profesional para empresas que asegure que el mensaje llega con claridad, precisión y coherencia a todos los mercados.
Una comunicación multilingüe improvisada puede estropear campañas, generar confusión, transmitir una imagen poco profesional o incluso poner en riesgo las relaciones comerciales. Una comunicación cuidada, en cambio, transmite confianza, seriedad, credibilidad, capacidad de adaptación y visión internacional, es decir que impulsa todos los demás propósitos.
Invertir en profesionales cualificados es invertir en calidad
El nuevo año ofrece la oportunidad perfecta para que las empresas revisen su relación con los idiomas y tomen decisiones estratégicas. Y esa decisión, en todos los casos, debería pasar por una premisa clara: hablar idiomas no convierte a nadie en traductor o intérprete. Traducir e interpretar son profesiones reguladas, técnicas y altamente especializadas.
Por eso, el propósito más acertado para 2026 es este:
- Si la empresa necesita traducciones de manera constante, invertir en traductores titulados en plantilla.
- Si necesita servicios puntuales o multilingües, trabajar con agencias certificadas con herramientas, personal y recursos actualizados.
En ambos escenarios, la clave es tratar la traducción y la interpretación como lo que realmente son: una inversión estratégica en calidad, reputación y seguridad empresarial.